Y me fui al Perú

En este caso fue un amigo mío, suizo-francés , que trabajaba en la fábrica Indulac en Santa Bárbara. Sus padres habían estado en Venezuela tiempo atrás y en ese momento se encontraban en el Perú y estaban muy contentos, tanto por la situación económica como por el trato de la gente. Es verdad que en 1954 el Perú estaba bien, bajo el mando del general Odría gozaba de cierto bienestar. Como ya había renunciado a mi trabajo, decidí hacer el viaje para ver por lo menos la minas, algunas de las cuales tenían fama mundial.

El viaje Venezuela - Peru

Como mi equipaje pesaba mucho, decidí hacer el viaje por barco, tenía casi 150 kilos de equipaje entre libros, ropa, aparatos etc. Me embarqué en uno de los barcos de la línea Alitalia, que operaba entre Génova y Sur América, vía Islas Azores. La comida era excelente pero los baños en primera clase no lo eran tanto. Me embarqué en la Guaira y zarpamos hacia Willemstad en Curazao, para abastecernos de petróleo en la refinería donde se conseguía el petróleo más barato del mundo. La isla era muy bonita, con muchas casas de estilo holandés-flamenco-alemán, aunque no de 4 pisos sino de 2 pisos. La gente muy agradable y sus habitantes no tienen ningún complejo de inferioridad por su color además hablan varios idiomas.

De allí pasamos a Cartagena : una ciudad de estilo colonial que había sido muy bonita pero que en ese momento le faltaba conservación en casas y edificios. Seguimos a Panamá; el canal no es precisamente bonito, pero si impresiona mucho por sus obras de ingeniería. No tiene apariencia de canal, sino mas bien de un rosario de lagunas interconectadas. De ahí pasamos a Buenaventura , Colombia, en el lado del Pacífico, era un sitio feo, como la peor parte del Callao. Después de eso entramos en el estuario de Guayaquil sin entrar en el puerto mismo ya que por el calado del barco no podía entrar, por lo menos eso dijeron. Así anclamos entre islas pantanosas donde sólo se veía caña brava y nada más. Finalmente tocamos tierra en el Callao y en Lima me alojé en un hotel recomendado por un señor Parisi que viajaba de Italia al Perú, siguiendo sus recomendaciones busqué una pensión y me alojé en Jesús María en General Garzón.

Mi vida en Perú antes de 26/06/60

Llegué al Perú en noviembre de 1954 y desde la primera semana de estadía decidí quedarme, mas que nada por su gente, que no era nada hostil respecto al extranjero, y porque me sentía allí como en mi casa. Además habían minas, donde eventualmente ir a trabajar. Naturalmente el estándar de vida en el Perú era muy inferior al de Venezuela, pero eso no me importaba. El dinero no lo es todo… Fui a ver al padre de mi amigo de Santa Bárbara, era una persona muy agradable, ex vendedor de la Electrolux, había hecho algún dinero durante la segunda guerra mundial con negocios de carbón, pero en ese momento ya no, tenía mucho dinero porque había perdido la mayor parte en una fábrica de briquetas de combustible. Lo malo que el no sabía nada de eso, sólo sabía vender. Este señor Eindiguer, tenía un amigo suizo-italiano, que era muy inteligente pero poco escrupuloso. Por recomendación de los dos compré un terreno agrícola en Pisco de 20 hectáreas, después supe que había pagado muy caro por el terreno, es de suponer adonde se fue la mayor cantidad de dinero.

Eindiguer había conseguido un capitalista y una minita en la zona de Comas (entre Concepción y Satipo) para que yo la pusiera en explotación. Sin embargo como yo no era mago no se pudo reflotar la minita porque ya no tenía casi reservas de mineral. Se derrumbó ese negocio y me fui a trabajar a Cerro de Pasco en la Cerro de Pasco Corporation, gracias a las recomendaciones de un paisano mío Wellens, que era administrador del hotel Junín de la Oroya. En Cerro de Pasco no me fue mal, aunque la paga era la mitad de lo que había ganado en Venezuela y el trabajo mismo era bastante pesado y peligroso (gas en la mina) y a gran altura (4250 metros sobre el nivel del mar). Mientras tanto ayudé al señor Eindiguer varias veces y luego perdí contacto con él, después supe que había muerto y que el hijo había venido de Venezuela a llevarse a su mamá. Me di cuenta mientras trabajaba en Cerro que no iba a poder hacer carrera ahí, ya que el trabajo en la mina era muy duro. En ese momento (julio de 1957) supe que el proyecto Toquepala necesitaba ingenieros y el sueldo era mejor y la altura mas aceptable 3200 metros. Renuncié y me fui a trabajar a Toquepala con la empresa UTAH CONSTRUCTION.

En la construcción de los campamentos y edificios industriales de la mina. El trabajo en Toquepala era muy interesante, ya que se empleaban las mejores técnicas de construcción americanas. Pero, en cierto momento empezó la construcción del acueducto desde la laguna Suche a Toquepala y se necesitaban ingenieros para la supervisión de ese trabajo, que estaba a cargo de otra compañía. Como yo había trabajado en Cerro a esa altura: 4,250 me escogieron para el trabajo y me alojé entonces en un pequeño campamento, cerca de la laguna Suche y de los volcanes Tutupaca y Yucamani. La zona era netamente volcánica y hasta con Geiser en la vecindad. Sufrir algún percance con el carro a esa altura era muy peligroso por la soledad del lugar y el frío, cosa que me ocurrió una vez. Por eso si uno no estaba de regreso al campamento a las 20 horas salían dos camionetas en búsqueda porque el frío de -28 grados y el viento eran terribles. Los motores a petróleo no podían arrancar si no después de inyectarlos con éter en la toma de aire. Con todos los inconvenientes fue muy interesante trabajar en esa zona, donde el cielo de tan azul parecía negro, y con los miles de vicuñas y vizcachas, cóndores y alguno que otro ñandú.

En Toquepala también conocí al padre Bruno Béguin, franciscano, belga de habla francesa (su tío era dueño de un periódico muy importante en Bélgica). En esa época era párroco de Toquepala y tenía a cada rato fricciones con el jefe de Relaciones Públicas de la empresa, este era un alemán nacido en México que tenía un alto cargo en la masonería, después de varios altercados el señor Delius, con siguió declarar al padre Bruno “persona no grata” y lo remplazaron por otro sacerdote más flexible. El padre Bruno fue entonces a Tacna como chofer del obispo. Años después cuando yo estaba en Satipo casado pasó a visitarnos en su viaje a Puerto Ocopa, supe después que lo enviaron a Santiago de Chile y luego perdí su rastro. En 1959, se terminó la construcción de las instalaciones en Toquepala y se acabó el trabajo ahí.

Entonces decidí ver el terreno que había comprado en Pisco; saqué la cuenta de cuanto me costaría ponerlo en explotación, pero salía caro y a largo plazo volver ese arenal en terreno cultivable. Decidí probar suerte en tierra de selva, donde el agua abunda. Parece raro que como ingeniero de minas tenía tantas ganas de ser agricultor. La razón es que suponía que eso me permitiría independizarme relativamente con poco capital, y formar una familia, porque como minero estaba condenado a vivir en sitios inhóspitos lejos de la familia igual como en Venezuela cuando trabajaba como ingeniero en carreteras. Además en la familia de mi papá como en la mi mamá hubieron parientes metidos en la agricultura. En conclusión compré un terreno, construí una casita y me instalé en la montaña de Satipo y en 1960 me casé.

Mi vida despues de 1960

Cuando me casé estaba recién hecha la casita en Satipo, y la mitad de la chacra estaba sembrada con plátanos y tenía un vivero donde me dedicaba a injertar naranjos y paltos para su posterior transplante. El suelo y el clima eran bastante buenos y tenía confianza en el futuro. Mucha gente pensaba igual que yo; los padres de Adela también habían invertido en el lugar y tenían la opinión de que la agricultura era rentable y segura como inversión. Adela misma no estaba tan entusiasta pero a mí y a sus padres nos sobraba el entusiasmo.

En 1961 nació mi hijo Paul y en 1962 mi hijo Lucho, en tanto poco a poco se enfriaba el entusiasmo por la agricultura, porque habían multitud e dificultades no previstas. Por ejemplo: los ventarrones que tumbaban las plantas de plátanos cuando estaban listas para dar fruto, por lo demás no era fácil vender la fruta que a duras penas se había cultivado y cosechado, porque los compradores muchas veces no aparecían cuando la fruta estaba lista para embarcar. La carretera se interrumpía y no se podía cosechar por falta de transporte. Estas dificultades eran menores si se cultivaba café, pero el cultivo de café necesitaba mayores extensiones de terreno para ser rentable y la mano de obra para la cosecha no era fácil de conseguir lo que implicaba que se malograra el café en la planta. La situación no estaba tan buena, entonces lo padres de Adela me propusieron que ellos podían encargarse de mi chacra y eso me permitiría buscar trabajo en Lima y mejorar las cosas. No resultó fácil conseguir trabajo en Lima pero al fin lo conseguí en una empresa francesa, que se dedicaba al hincado de pilotes para muelles en el puerto del Callao. El trabajo en el Callao no era bien remunerado pero aún así los chicos estaban mejor que en Satipo.

En tanto me encontré con un viejo amigo que había trabajado conmigo en Cerro de Pasco, y me aconsejó volver a trabajar ahí porque las condiciones de trabajo habían mejorado mucho. Resultado: tomé contacto con ellos y me contrataron nuevamente. Esta vez mi primer trabajo fue en Yauricocha. Tuvimos que esperar tres meses para que nos dieran casa en el campamento y finalmente nos mudamos a Siria, un campamento ubicado a 3,642 metros sobre el nivel del mar. Allí no hacía falta el dinero pero se presentaron otras dificultades, había una cierta discriminación por no ser anglo-parlantes y además lo más importante era la educación de nuestros hijos. Por eso Adela y los chicos se mudaron a Satipo donde había escuela, varios de la familia y hasta chacra y esta vez sin dificultades económicas. Así yo tuve que separarme de ellos lo que fue muy doloroso. Ya Adela había estado en Satipo antes, por una perdida que tuvo, originada por la altura, lamentablemente fue en la época de las “guerrillas”. Esta vez la situación estaba más calmada y el ejército se encontraba en Satipo construyendo carreteras, luego de pacificar la zona.

Ahora los chicos y Adela estaban contentos de ir a reunirse con los abuelitos y tíos, además ahí podían estudiar, el ambiente era más agradable al igual que el clima, aunque era bastante caluroso y lluvioso pero al menos no había la altura de la sierra. Varios años estuvo la familia en Satipo, yo los visitaba periódicamente en esos años Adela trabajo en el Banco Agrario y luego en el Colegio de Secundaria dictando clases.

Frans nuestro tercer hijo nació en Setiembre de 1968 y yo había pasado del campamento de Yauricocha al de Cobriza y de allí a San Cristóbal. En 1969, al papá de Adela que se ocupaba de la chacra se le deterioro la salud y tuve que dejar el trabajo para ocuparme yo de ella. Esta vez teníamos aparte de los plátanos, naranjos y paltos unas 35 colmenas de abejas. Si bien la economía de la casa no estaba tan mal, no era suficiente, por eso decidí construir una casa en la ciudad para la familia y me propuse vender la chacra . En esa época estuve un poco delicado de salud y al mejorar pensé que la solución era regresar a la mina. Así que nos deshicimos de la chacra sin recibir ningún centavo, la cedimos a cambio de que el nuevo dueño se hiciera cargo del préstamo que teníamos con el Banco Agrario, era mejor salir de la chacra de una vez y como fuera.

De nuevo a trabajar en las minas, esta vez en Morococha a donde se reunió la familia ya que la educación en Satipo no era muy buena, y los chicos podían estudiar en la Oroya en mejor colegio (de la compañía). Estaba feliz de estar nuevamente con la familia sin embargo más adelante tuvieron que irse a Lima por razones de estudio además el clima era mejor, ya no tendrían ni soroche ni el frío intenso, que muchas veces afectaba a la salud. En 1974 fui transferido a Cerro de Pasco y después de dos años logramos mi traslado a la Oroya de ahí me trasladaron a Lima.

En ese lapso de tiempo vendimos la casa de Satipo, que no era mucha cosa, pero la había construido con mucha ilusión, y al fracasar el negocio de la agricultura no tenía sentido poseer una casa ahí. En esos años la situación económica en el país no estaba muy buena, era durante un gobierno de dictadura militar de izquierda que imponía muchas restricciones, a la importación y todo lo que fuera extranjero.

En tanto los muchachos estaban por ingresar a la Universidad los dos mayores, teníamos un terreno en Corpac, que vendimos, y luego una tienda en San Borja que después tuvimos que vender porque los inquilinos no pagaban alquiler y los juicios demoraban . Años después, primero Pauli terminó sus estudios universitarios y se graduó de Ingeniero Mecánico en la Universidad Católica, luego Lucho de Ingeniero Industrial en la Universidad de Lima. Frans había logrado ingresar en la Universidad de Lima. Yo trabajaba en el Departamento de Planeamiento de Centromín en Lima, atendiendo el proyecto Cobriza y luego el proyecto Andaychagua, y finalmente el planeamiento corporativo de la empresa. El sueldo era mediocre, pero con los subsidios por los tiempos de servicio logré buenos ingresos, que me permitieron construir la casa en Santa Patricia y ha sido por el empuje de Adela que se construyó esa casa porque yo creía que el dinero no nos alcanzaría, porque el momento en el país era realmente malo económicamente. La casa, incluso resulta grande para nosotros ahora.

Respecto a los chicos, Pauli a los pocos meses de graduarse se casó y no vivió con nosotros en Santa Patricia. Lucho en cambio no mostró interés para casarse, ya que no conseguía ningún trabajo adecuado. La situación económica del Perú iba de mala en peor. En 1986, renuncié a mi trabajo y decidí ir a Venezuela para probar suerte, fuimos Lucho y yo. Pude reencontrarme con mi hermano José lo cual fue muy grato, volví a ver a sus hijos y conocí a los nuevos miembros de la familia que fueron muy afectuosos con nosotros. En Venezuela no había nada que pudiera convenirnos, a pesar de tener ahí familia. Regresamos al Perú y nos sentimos otra vez en casa. Conseguí un par de trabajos: uno en una mina de Huaraz y otro en una minita en Cerro de Pasco.

En 1987 Adela, Pauli y Lucho viajaron a Paraguay , porque la situación en Perú se había vuelto muy recesiva , a pesar de ser un país bastante agradable no era par inmigrar ya que es muy pequeño y sin mayor movimiento industrial. En 1990 Adela viajó a Venezuela a visitar a su mamá y hermanas que estaban allá y también llegó a la conclusión de que no era un país para emigrar, el calor es sofocante y la situación política y económica no eran tan buenas, de paso conoció a mi familia.

En mayo de 1990 conseguí empleo como Gerente de Planeamiento en una empresa minera del Grupo Buenaventura, Si bien el sueldo es bueno las demás características de este empleo no lo son: mucho estrés , mucha altura, frío, alojamiento poco adecuado. Además existe el peligro de atentados de parte de Sendero Luminoso, hace un año los senderistas atacaron y destruyeron gran parte de la concentradora, aunque sin matar a nadie, pero prometieron que iban a regresar. Desde entonces han atentado contra la mina Animon y la bodega de explosivos de la mina Santander. Así que mi sueldo en esta empresa es mayormente “el salario del miedo”. Pero en realidad no lo siento uno se vuelve bastante indiferente. Será lo que Dios quiera. Colquijirca Octubre 1990

 

Inicio | Amelinckx | Historias | Direcciones | Galeria de Fotos | Correos